Las lecturas del domingo 10 de junio de 2007 fueron: 1 Reyes 17, 17-24; Gálatas 1, 11-19; Lc. 7, 11-17.
Hay una diferencia abismal entre las demás ¨religiones¨ y el cristianismo. En las demás, la persona va en busca de Dios. En el cristianismo es Dios el que busca al ser humano. Y en la Iglesia Católica, fundada por Cristo, lo vemos todos los días.
Este Evangelio es una prueba más del amor de Dios hacia nosotros, que es infinito. Tiene el arrojo y tesón del amor del padre y el candor y profundidad del amor de madre. Cristo al ver a la viuda que se le había muerto todo lo que tenía en el mundo, se compadece de ella. Del Corazón de Cristo brota esa necesidad de consolar a la viuda y le vuelve a entregar a su hijo.
Y así como Cristo entregó alegría a esta viuda, hoy día Cristo entrega a muchos padres angustiados su joven hijo que se fue de casa días atrás, ablanda los corazones de los esposos a punto de separarse, inspira a los grandes empresarios a cambiar de actitud hacia sus colaboradores y, en vez de hundirles en deudas estratosféricas, hacen un trato para arreglar cuentas, etc.
Dios sigue obrando milagros para que nosotros podamos ser felices en Él. Es imposible que a Dios le guste vernos tristes, porque nos ama. Pero si lo estamos...¿acaso será porque no le hemos permitido a Cristo entrar en nuestra vida? Pidamos hoy esta gracia a Cristo Eucaristía.
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martes, 19 de junio de 2007
PENTECOSTÉS - EL ESPÍRITU SANTO ES VIDA EN NOSOTROS
Las lecturas del domingo 27 de mayo de 2007 fueron: Hechos 2, 1-11; 1 Corintios 12, 3b-7.12-13; Jn. 20, 19-23.
Hoy escuchamos dos narraciones sobre cómo recibieron los discípulos al Espíritu Santo. En la primera lectura, Lucas nos da una visión mucho más desarrollada de lo que significó este hecho; y en el Evangelio san Juan nos narra un acontecimiento más íntimo. Sin embargo, en ambas narraciones encontramos los elementos más importantes de este acontecimiento:
Estos cuatro elementos nos sirven para comprender en dónde está el corazón de este gran acontecimiento. ¿Cómo vivir hoy esta fiesta de Pentecostés? Definitivamente no podemos pensar que vivir esta fiesta hoy es buscar los mismos signos externos descritos por la Sagrada Escritura. Pero sí es necesario renovarnos en nuestro compromiso por vivir la Nueva Vida en Cristo; por purificarnos de nuestros pecados y renovar nuestro esfuerzo por proclamar la Palabra de Dios. Si aceptamos que nuestras familias son el núcleo de nuestra Iglesia; que cada familia es un reflejo de toda nuestra Iglesia; tendríamos que empezar por hacer un buen examen de conciencia ¨en familia¨:
¿Cómo hemos dejado actuar al Espíritu Santo en nuestras relaciones, en nuestras actitudes hacia los hijos, los padres o los demás?
Debemos recordar que quien construye la Iglesia es el Espíritu Santo, pero sin nuestra cooperación su acción se ve debilitada. Por lo tanto, podríamos decir que nosotros somos ¨co-constructores¨ de este gran Reino que es de Cristo. ¿ Cómo está nuestro compromiso con los más necesitados, con la predicación de la Palabra, con la purificación de nustras faltas?
Durante este tiempo, vivamos intensamente nuestro compromiso como cristianos, haciendo presente al mismo Espíritu que nos introdujo en la vida de la Gracia.
Hoy escuchamos dos narraciones sobre cómo recibieron los discípulos al Espíritu Santo. En la primera lectura, Lucas nos da una visión mucho más desarrollada de lo que significó este hecho; y en el Evangelio san Juan nos narra un acontecimiento más íntimo. Sin embargo, en ambas narraciones encontramos los elementos más importantes de este acontecimiento:
los discípulos reunidos; el viento (signo de vida nueva); el fuego (signo de purificación) y la predicación (constitutiva de la Iglesia).
Estos cuatro elementos nos sirven para comprender en dónde está el corazón de este gran acontecimiento. ¿Cómo vivir hoy esta fiesta de Pentecostés? Definitivamente no podemos pensar que vivir esta fiesta hoy es buscar los mismos signos externos descritos por la Sagrada Escritura. Pero sí es necesario renovarnos en nuestro compromiso por vivir la Nueva Vida en Cristo; por purificarnos de nuestros pecados y renovar nuestro esfuerzo por proclamar la Palabra de Dios. Si aceptamos que nuestras familias son el núcleo de nuestra Iglesia; que cada familia es un reflejo de toda nuestra Iglesia; tendríamos que empezar por hacer un buen examen de conciencia ¨en familia¨:
¿Cómo hemos dejado actuar al Espíritu Santo en nuestras relaciones, en nuestras actitudes hacia los hijos, los padres o los demás?
Debemos recordar que quien construye la Iglesia es el Espíritu Santo, pero sin nuestra cooperación su acción se ve debilitada. Por lo tanto, podríamos decir que nosotros somos ¨co-constructores¨ de este gran Reino que es de Cristo. ¿ Cómo está nuestro compromiso con los más necesitados, con la predicación de la Palabra, con la purificación de nustras faltas?
Durante este tiempo, vivamos intensamente nuestro compromiso como cristianos, haciendo presente al mismo Espíritu que nos introdujo en la vida de la Gracia.
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sábado, 21 de abril de 2007
LA FE NOS LIBERA DEL MIEDO
Las lecturas del domingo 15 de abril de 2007 fueron: Hechos 5, 12-16; Apocalipsis 1, 9-11a. 12-13. 17-19; Jn. 20, 19-31.
Qué increible síntesis nos comparte san Juan sobre su experiencia del Resucitado. En cuatro palabras se podría resumir esta experiencia: Encuentro con Jesús (¨la Paz esté con ustedes¨); Envío (¨Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo¨); Recepción del Espíritu (¨Reciban el Espíritu Santo¨); todo esto traducido en Obras (¨A los que les perdonen los pecados les quedan perdonados...¨).
Esta es la experiencia de Dios Resucitado, una experiencia que brota de un encuentro con Jesucristo vivo, experiencia sin la cual, nadie puede hablar de un Dios de vivos y glorificado. Eso le pasó a Tomás, que sin la experiencia del resucitado no pudo creer en él.
Es una experiencia también que nos llena del Espíritu, nos transforma nuestra visión del mundo y de Dios y nos capacita para amar. Por lo mismo, ha de ser una buena experiencia que nos lleve a compartirla en el Aor, en la misericordia con los demás. El fondo de la Resurrección es la experiencia del Resucitado, experiencia que Tomás negó en un principio y que Jesús recalcó al permitirle tocar sus heridas.
¿Cómo podemos nosotros vivir esas experiencias hoy? ¿Es que debemos esperar al mismo Jesús que se nos aparezca como a los discípulos? Jesús hoy nos sigue saliendo al encuentro en el hermano necesitado, en el prójimo que nos desespera, en el cónyuge que no entiende y necesita comprensión, en el hijo que exige más atención, en el amor de una pareja, en el amor de los hijos, en las experiencias de solidaridad y de apoyo, en los sacramentos y sobre todo en su Palabra y su Cuerpo y Sangre.
Ahí está Jesús, vivo, resucitado; a veces mostrándonos su gloria, a veces mostrándonos sus llagas para que las toquemos. La experiencia depende de nuestra fe, de nuestra disposición a encontrarnos con aquel que sale a nuestro encuentro. Abramos los ojos, Cristo está vivo, y camina entre nosotros buscando llenarnos de su Paz y pidiéndonos nuestro amor.
Qué increible síntesis nos comparte san Juan sobre su experiencia del Resucitado. En cuatro palabras se podría resumir esta experiencia: Encuentro con Jesús (¨la Paz esté con ustedes¨); Envío (¨Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo¨); Recepción del Espíritu (¨Reciban el Espíritu Santo¨); todo esto traducido en Obras (¨A los que les perdonen los pecados les quedan perdonados...¨).
Esta es la experiencia de Dios Resucitado, una experiencia que brota de un encuentro con Jesucristo vivo, experiencia sin la cual, nadie puede hablar de un Dios de vivos y glorificado. Eso le pasó a Tomás, que sin la experiencia del resucitado no pudo creer en él.
Es una experiencia también que nos llena del Espíritu, nos transforma nuestra visión del mundo y de Dios y nos capacita para amar. Por lo mismo, ha de ser una buena experiencia que nos lleve a compartirla en el Aor, en la misericordia con los demás. El fondo de la Resurrección es la experiencia del Resucitado, experiencia que Tomás negó en un principio y que Jesús recalcó al permitirle tocar sus heridas.
¿Cómo podemos nosotros vivir esas experiencias hoy? ¿Es que debemos esperar al mismo Jesús que se nos aparezca como a los discípulos? Jesús hoy nos sigue saliendo al encuentro en el hermano necesitado, en el prójimo que nos desespera, en el cónyuge que no entiende y necesita comprensión, en el hijo que exige más atención, en el amor de una pareja, en el amor de los hijos, en las experiencias de solidaridad y de apoyo, en los sacramentos y sobre todo en su Palabra y su Cuerpo y Sangre.
Ahí está Jesús, vivo, resucitado; a veces mostrándonos su gloria, a veces mostrándonos sus llagas para que las toquemos. La experiencia depende de nuestra fe, de nuestra disposición a encontrarnos con aquel que sale a nuestro encuentro. Abramos los ojos, Cristo está vivo, y camina entre nosotros buscando llenarnos de su Paz y pidiéndonos nuestro amor.
miércoles, 11 de abril de 2007
TESTIGOS DE LA LUZ DE CRISTO RESUCITADO
Las lecturas del Domingo de Resurrección, 8 de abril de 2007 fueron: Hechos 10, 34a. 37-43; Colosenses 3, 1-4; Jn. 20, 1-9.
Vivimos quejándonos de que el mundo que nos rodea cada día está peor, estamos rodeados de una cultura de la muerte, de una sociedad egocentrista en muchas de sus actitudes, materialista en su escala de valores, y poco profunda en sus ideales. ¿Cabe aquí un anuncio de Cristo resucitado? Claro que sí.
Somos nosotros los cristianos los que debemos de dar testimonio de la esperanza del resucitado, de su anuncio claro y determinante: ni la muerte, ni el pecado, ni el sufrimiento, ni la injusticia tienen la última palabra; es Cristo quien los ha vencido y si nosotros estamos dispuestos a seguir su camino, venceremos junto con Él.
CRISTO HA RESUCITADO.
Este ha de ser el anuncio que resuene en lo profundo de nuestros corazones todas estas semanas. Cristo ha resucitado, y nosotros somos testigos de ello: pero ¿cómo ser testigos de esto? Haciendo que quien se sienta muerto (el hambriento, quien se siente solo, quien no tiene qué vestir, los presos, quien no se siente aceptado por nadie, la relación que necesita de tu perdón, etc.) encuentre la VIDA en tí. Tenemos que cambiar de actitud para con los demás, no podemos vivir tristes, rencorosos e indiferentes.
La Pascua es un tiempo de alegría, de gozo profundo, de caridad expresa, de solidaridad gozosa; estos cincuenta días que celebramos la Pascua, cambiemos de actitud; volteemos a ver al necesitado, vivamos con gozo y paz, pues el Señor ha resucitado y el pecado ha sido derrotado. Seamos testigos de la Luz que Cristo Resucitado nos ha brindado un día como hoy.
Vivimos quejándonos de que el mundo que nos rodea cada día está peor, estamos rodeados de una cultura de la muerte, de una sociedad egocentrista en muchas de sus actitudes, materialista en su escala de valores, y poco profunda en sus ideales. ¿Cabe aquí un anuncio de Cristo resucitado? Claro que sí.
Somos nosotros los cristianos los que debemos de dar testimonio de la esperanza del resucitado, de su anuncio claro y determinante: ni la muerte, ni el pecado, ni el sufrimiento, ni la injusticia tienen la última palabra; es Cristo quien los ha vencido y si nosotros estamos dispuestos a seguir su camino, venceremos junto con Él.
CRISTO HA RESUCITADO.
Este ha de ser el anuncio que resuene en lo profundo de nuestros corazones todas estas semanas. Cristo ha resucitado, y nosotros somos testigos de ello: pero ¿cómo ser testigos de esto? Haciendo que quien se sienta muerto (el hambriento, quien se siente solo, quien no tiene qué vestir, los presos, quien no se siente aceptado por nadie, la relación que necesita de tu perdón, etc.) encuentre la VIDA en tí. Tenemos que cambiar de actitud para con los demás, no podemos vivir tristes, rencorosos e indiferentes.
La Pascua es un tiempo de alegría, de gozo profundo, de caridad expresa, de solidaridad gozosa; estos cincuenta días que celebramos la Pascua, cambiemos de actitud; volteemos a ver al necesitado, vivamos con gozo y paz, pues el Señor ha resucitado y el pecado ha sido derrotado. Seamos testigos de la Luz que Cristo Resucitado nos ha brindado un día como hoy.
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